Toda la historia que llevo hasta el momento ya explota en mi cara.
Por ti, por hoy, desde hace 22 años, y siempre. Te quiero mucho. Gracias por demostrarme toda esa fuerza que no cualquier persona tiene. Aún no lo puedo creer. Quizá estemos separados fisicamente, pero en mi corazón eres ahora otro destello que me ilumina. Lamento todos esos meses que estuviste en el hospital. Nosotros como familia queríamos que salieras victorioso cómo otras veces, para volverte a ver bien. Más nunca creímos que no saldrías otra vez, y me duele. Conservo esas risas. Esas platicas entre sonidos de monitores. Hasta el último momento me preguntaste por mi, antes de ver por ti. Te extrañaré todo lo que me queda de vida. Hasta pronto, tío Vicente.